CÁDIZ

Dicen que las almas viejas vuelven a Cádiz
para reencontrarse con aquel lugar que les abrazó la vida en otros tiempos.
Cuentan los annales que es la ciudad más antigua de Europa, 
por lo que todos somos un poco de hijos de allí.
Materna a sus hijos que hablan lenguas y aman de forma distinta.
Las olas traen la frescura del mar,
con la que se han encendido generaciones de navegantes.
Los vientos de Cádiz han impulsado los sueños de generaciones que fueron a encontrar inspiración para su vida.
Cádiz renueva sentidos, horizontes y deja ir.
La sabiduría de los siglos le ha dado el amor de la libertad y la desposesión.
Y resulta que pocos se quedan allí, porque es una ciudad que construye barcos para explorar,
que ama navegar por la incertidumbre de los océanos,
que inaugura puertos donde esperar a quien retorna,
que nació para despedir,
y que dice hasta pronto.

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