LA REVOLUCIÓN COMO TIEMPO OPORTUNO

Hay momentos que parecen más propicios que otros. Algo así pasó por esos días de mayo de hace 210 años. Algunos factores internacionales fundamentales como la extensión del control napoleónico y detención del rey español Fernando VII, especialmente, o el modelo de gobierno formado tras la independencia estadounidense de hacía ya unas décadas, permanecía también en la memoria de algunos criollos porteños. Pero también hacía un puñado de años se había demostrado la capacidad defensiva local para detener invasiones extranjeras. Por eso, nuestros ojos distantes de aquella época nos hacen ver que se abría un tiempo oportuno y, a veces si esos momentos no son aprovechados, a posteriori podemos arrepentirnos. 
Si además de este planteo introducimos la idea de que venían de permanecer por 300 años de colonialismo, las oportunidades que se presenten deben verdaderamente mejor capitalizadas. Es que decir colonialismo no es solo un concepto, es un modo opresivo de vivir la cotidianeidad, de saber que sos extranjero en tu propia tierra, de que la producción de tu pueblo generará riquezas para otros o que la violencia es uno de los medios de control social más habituales. 
Y allá en el horizonte, la libertad política. Eso era lo que se ponía en juego. Estos tipos que se juntaron y tenían más desacuerdos que coincidencias, buscaban romper más con un pasado de opresión que con una certeza de futuro. No sabían qué era lo mejor para lo que vendría, pero sí estaban bastante de acuerdo en qué ya no querían. 
Por eso es que la libertad requiere ser construida, trabajada y comprendida por los tiempos que a las personas de cada época les toca vivir. Hoy seguimos necesitando construir la libertad, las libertades, de esas libertades colectivas que abrieron el 25 de mayo y no solo de la que me hace sentir más libre a mi y más sometido al otro. Hoy a la distancia y en un nuevo 25 de mayo, vemos que este grupo de criollos supo leer cuándo era el momento indicado para construir esa libertad porque como nos dijo para siempre San Martín, "seamos libres que lo demás no importa nada".

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