ESA MALDITA ANSIEDAD
Todos tenemos ansiedad. Y yo también. Por eso esto es solo un relato, no hay recetas ni consejos para nadie.
Hace unos 5 o 6 años empecé con una extraña sensación de que el aire no entraba completamente, me costaba respirar. Era raro porque yo no fumaba, no tomaba alcohol, vivía relativamente tranquilo, sin preocupaciones. Pero esto me preocupaba, me daba miedo. Sentía miedo. En mis intentos por buscar que ingresara más aire a mis pulmones, más me tensionaba y parecía que menos entraba todavía. Estaba descubriendo el miedo vital y carnal, no poder respirar.
Lo cierto es que nada parecía tener causas claras. Hacía las cosas que creía que me gustaban, tenía todo lo que necesitaba. No sabía de dónde venía todo eso. Pero mi cabeza estaba en pasado mañana y en ordenar y preveer cada paso que daba.
Fines del 2017 y comienzos del 2018 tuvieron eventos que emporaron las cosas al punto de estar dos meses sin trabajar y luego casi un mes sin dormir, pero hoy veo que en ese tiempo crítico fue el "click", mi "despertar".
Decidí empezar a tomar decisiones, entendía que algo debía cambiar, aunque no supiera si darían resultado. Sin saber demasiado a dónde conducían pero al menos que me permitieran sentirme mejor. Al menos que me permitieran respirar bien. Entre ellas estuvo el intensificar la actividad física, empezar psicólogo (el primero me gustó su terapia, el segundo me ayudó para lo que necesitaba), aprender a tocar la guitarra (sabiendo que el arte siempre era algo que tenía que ver conmigo) y empezar yoga (sí, yoga, eso que muchas veces es visto solo "para viejas"). No inhabilité nada de lo anterior pero sí incorporé cosas para mí y tal vez ahí estuvo el principal acierto: la mejor decisión que tomé de ahí al día de hoy fue empezar a escucharme, a mirarme, a tomar consciencia de lo que siento. ¿Cómo puede ser que durante casi 27 años viví antesteciado del sentir? No sé, no importa ya, pero posiblememte fue el tiempo que necesité para poder verlo hoy.
Con este nuevo bagaje al tiempo volví a vivir en el presente, a estar-hoy-acá. Creí que sabía comer, caminar, respirar, dormir, rezar, leer pero lo cierto es que no. En este tiempo aprendí a respirar (y a tener un tiempo en el día sólo para respirar), a ver sabiendo mirar, a comer (incorporando los tés como mi momento del día para desconectar), a leer cosas nuevas, a regalarme tiempo para mí, pero especialmente a sentir. Aprendí a ir construyendo una consciencia propia que me permita entender que si tengo algunos días de poco apetito pueda reconocer cuál es la "indigestión" que me no puedo aceptar; o que si no puedo dormir reconozca cuáles son los pensamientos que me mantienen alerta, y ocurre que la solución es tan sencilla como solo es sentirla, aceptarla y no apegarme a ellas. A veces me sale, a veces no. No se deja de ser ansioso completamente, pero ya no ocupa tanto espacio en mi cabeza como hace un tiempo. Limpiándome de ella, puedo ver mejor.
Y ese chico que con 26...27 "no tenía motivos" para que el aire no entrara en mis pulmones, hoy descubro que "sobraban los motivos", diría Joaquín. Una cabeza que no paraba, un cuerpo separado del sentir y como un accesorio de mi vida, como un algo que molestaba, como si fuera una espina que se clava de afuera hacia adentro. Un yo que únicamente construía placer desde el altruismo y la entrega, pero que poco sabía qué es lo que quería.
Hoy veo que esa maldita ansiedad era yo mismo pidiéndome ayuda, obligándome a cambiar, a escucharme, a mirarme con un poco menos de juicio, a proponerme cosas a mi mismo como si vinieran de otro/a diciéndome "¿qué querés hacer hoy?" y decidiendo. Esperando menos de la vida, disfrutando más del acontecimiento del día a día (a veces me sale, a veces no).
No se solucionó todo. Ese chico de la secundaria abanderado y con gran promedio no creo que se vaya, no quiero que se vaya, pero no deseo que sea el que prime con su augoexigencia, condena ante el fracaso propio y postergación del deseo. Tal vez es tiempo de desaprender algunas creencias y conductas y aprender otra nuevas que me sirvan para resolver los problemas del hoy. Tal vez no se trata de cerrar ni negar mi pasado, sino de abrir nuevos rostros, nuevas puertas para el presente. No deseo perder ese altruismo, pero que esté en equilibrio y diálogo con ese necesario egoísmo.
Hoy siento que siento, me conozco un poco más y ese es uno de mi mayores logros porque me marcan un camino de toma de decisiones nuevo, más libre y que seguramente me generen menos falta de aire que hace unos años. Hoy sé que "nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo". Hoy soy consciente de muchas cosas, mis sentidos parecen agudizados, veo con más claridad mi deseo. Hoy le agradezco a la ansiedad, esa que mil veces insulté y le pedí que se vaya, como si no tuviera nada que ver conmigo. Esa que me angustió, me ailsó e hizo que sintiera que muy pocas personas me entendían y que nadie pudiera darme soluciones inmediatas para poder respirar bien. Hoy le agradezco a esa maldita ansiedad por llegar a esa edad porque en los años que me queden por vivir habré entendido muchas cosas que en 27 no había podido ver y le agradezco también porque este proceso no tiene vuelta atrás y progresivamente iré siendo cada vez más libre y feliz.
Comentarios
Publicar un comentario