UN RELATO PARA LAS NUEVAS GENERACIONES

Nos hablaban nuestros padres y abuelos de un tal Maradona, pero esos padres ya peinan canas (o a veces, hasta lustran cabezas calvas) y de los abuelos ya nos van quedando pocos. Ellos (y algunas ellas también) se emocionaban al narrarnos lo que ese tipo podía hacer con una pelota, la felicidad que transmitía a todo un pueblo. Incluso a veces hasta el lagrimón. El gol desde atrás de mitad de cancha a los ingleses construían una mística en aquellos tiempos donde el VAR no existía, y es que si la tecnología hubiera estado presente por esos allí, la "mano de Dios" sería solamente la anécdota de algún memorioso. 

Sin embargo, eso que nuestros padres y abuelos nos contaban y podíamos imaginarlo no nos ponía la piel de gallina como a ellos cuando nos lo narraban. Era su relato, el relato de sus generaciones, el que había cimentado el mito del pibe de rulos que se plantaba y tumbaba a los más poderosos. Y es que en un país como este, en el cual apenas nacés te regalan una pelota o casi que te obligan a decidir de qué cuadro vas a ser incluso antes de saber la escuela a la que te mandarán, en un país como este, 36 años era mucho tiempo sin un logro. 

Y el tiempo pasaba y ese relato de Diego y los campeones del 86 cada vez quedaba más lejos y nos excluía de esa piel de gallina a nosotros, las nuevas generaciones (o ya no tan nuevas) que no lo habíamos visto. Dejaba fuera a todos los que habían nacido del 80...82 en adelante. 36 años eran mucho tiempo para sostener un relato, este relato, el de los campeones de México 1986 conducidos a la gloria por Diego Armando Maradona.

Y acá los que llegamos, los millennials y centennials, los que todo lo vemos detrás de una pantalla y nuestra memoria es más visual que oral, necesitábamos de ese nuevo relato, uno que nos incluya y por el cual también se nos pueda poner la piel de gallina como a nuestros padres y abuelos. Los años pasaban y parecía que si no era con este enano rosarino, en algún tiempo más europeo que argentino, cuestionado porque no cantaba el himno, que no corría, si no era con Messi, difícilmente podríamos imaginar otro tren en el corto plazo. 

Y ayer Argentina salió campeón después de esos 36 años. Y no solo volvimos a levantar la Copa, la tercera, sino que hoy pudimos empezar a escribir ese nuevo relato que necesitábamos, ese que, como nuestros padres y abuelos nos contaron sobre Maradona, nosotros podamos contarle a las próximas generaciones sobre un tal Messi. Este es el relato de nuestra generación.

Nadie sabe si con el campeonato de hoy esa rivalidad que, como la instalada "grieta política", tanto nos obliga a tomar posición, ha llegado a su fin. Si el mejor de la historia fue Maradona o ahora Messi. Y es lo que le faltaba al petizo veloz para que menos cuestionablemente esté a la altura de Diego. Y es lo que le faltaba a nuestra generación para tener más argumentos que permitan "imponer" nuestro relato frente al de nuestros padres y abuelos.

Los argentinos somos así: uno u otro. Y tan "uno u otro" somos que parece que Diego tenía que pasar a la inmortalidad y dejar tranquilo a Lío para que este consiga su propio logro. Su muerte posicionó los ojos sobre Messi y transformó a Maradona en un mito. Es como ese hijo que para poder empezar a construir su propia historia necesita irse de la casa de los padres. 

Parece que un día como hoy ese debate de uno u otro llegó a su fin. Hoy ya no somos ni Maradona ni Messi. Somos los dos. Los necesitamos a los dos. A ese Lionel que es la utopía de todo un país, el deseo de aquello que queremos ser y ponderamos pero nos cuesta cumplir, ese con una familia "casi perfecta", con su humildad envidiable para el poder que hoy ya lleva su nombre o lo bienitencionado que es en cada acción que ejecuta. Messi es nuestra "teoría", nuestro horizonte, nuestro hacia dónde caminar. Mientras que Diego es lo que siempre rechazamos de nosotros pero nunca pudimos dejar de ser; Maradona es el hecho, es lo que realmente somos: tramposos, de esos que nos gusta plantarnos ante cualquiera, guapos, altaneros y mujeriegos, alchólicos y amigueros. Diego es la práctica, nuestro andar, lo que disfrutamos a la noche pero que cuando amanece, el recuerdo de lo que fuimos nos atormenta. 

Por eso es que somos los dos. Somos nuestros viejos y abuelos y somos las nuevas generaciones. Somos la utopía y el hecho. Somos Maradona y somos Messi. 

El nuevo relato que podamos construir los que tenemos menos de 40 años será el del nuevo capitán con un plantel lleno de chicos/jóvenes que festejan sus logros por redes sociales y nos alientan a que recompartamos sus fotos por Instagram o subamos las que nosotros mismos sacamos. El nuevo relato será recordar a un DT en el que nadie creía y se emociona frente a las cámaras, porque en estas generaciones los hombres lloran por alegrían, tristezas, injusticias, porque extrañan a su familia o porque simplemente muestran su vulnerabilidad. El nuevo relato será el de Messi arrastrando a Gvardiol contra Croacia, o a Julián atropellando rivales y recorriendo la misma distancia que Diego contra los ingleses, o al "dibu" Martínez convirtiéndose en héroe en la final y banalizando su trofeo personal como si fuera un falo. El nuevo relato será un relato de equipo, colectivo, donde los trofeos individuales tuvieron poca cabida. El nuevo relato será el un equipo que conquistó el corazón de la gente, con un líder que, llegando al final de su carrera, guardaba un nudo en el pecho, la impotencia de una generación que quería conseguir el logro más por Messi que por los 45 millones de argentinos.

El equipo que hoy salió campeón es un equipo de nuestra generación, de chicos de entre 20 y 35 años que se identifican y son de la misma época que nuestros niños y jóvenes. Por eso, lo cierto que hoy ese pibe de 13 años, la piba de 25 o yo, el joven de 32, tenemos un relato que contar para las próximas generaciones y tal vez una grieta que cerrar con nuestros viejos, porque generación a generación vamos haciendo la historia y sumando relatos. Ni Messi ni Maradona, los dos y cada uno para su generación. Con el pecho inflado, hoy nosotros tenemos un relato que también nos pondrá la piel de gallina como a ellos y que empezó ayer.

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