EL RITMO DE MI RESPIRACIÓN

Cuando inspiro me inflo, me expando, me estiro. Cuando exhalo me desinflo, me hago chiquito, me arrugo. 
Por eso es que voy al compaz del mar, que cuando inspira se carga, retrae sus olas, me da playa arrojando sus ostras y cuando exhala me devuelve las olas, me trae el agua con su ruido característico.
A veces se agita el mar, a veces se relaja. De noche, si no hay grandes problemas, la marea se hace profunda y tapa las playas, se hace más extensa con la misma cantidad de agua. Cuando respiro por la noche, profunda y relajadamente, también siento que mi cuerpo se hace más ancho y extenso, hasta respiro menos veces y soy más grande.
Otras veces me pongo ansioso y mi respirar se vuelve cortito, tenso, con inspiraciones y exhalaciones cortas, donde el aire no llega a completarme ni nutrirme. Y cuando respiro mal el mar lo siente y también se revuelve, se agita, se desordena. Un mar que respira mal es un mar ruidoso, donde sus olas chocan mucho consigo mismas. Y en cada versión panicosa mía algo se rompe y el mar se pone turbulento, se ensucia. 
Por eso cuando pierdo mi ritmo normal de vida o me pongo ansioso solo recuerdo en el mar, en que mi inspiración y exhalación repercuten en él, en que tengo la responsabilidad de la calma para que las aguas no se agiten, en que soy tan todopoderoso que todo lo que sienta resuena afuera porque soy igual de naturaleza que el mar y, a su vez, de él vengo. 
Por eso, cuando me desordeno y pierdo mi centro, cierro los ojos y solo vuelvo a respirar, escucho al mar que llevo internamente, mi compaz y guía, que es quien marca el ritmo de mi respiración.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

HIJOS DE UN TIEMPO

CÁDIZ

¿HASTA DÓNDE?