ODA A LOS SUEÑOS NO SOÑADOS

Algunos dicen nacer con sueños que guían su vida, y que, como la tierra al dar su giro completo, el sentido de aquella parece tener indicado el recorrido a seguir.
A otros tanto nos cuesta aclarar aquello que soñamos, o a veces los miedos nublan las intuiciones y sin esperarlo en un ocaso se devela como por epifanía aquello que nunca soñamos.
Y así empezamos a soñar lo que nunca habíamos soñado por haber nacido con un mapa gastado. Nos vamos convirtiendo en lo que nunca imaginamos, porque a veces nos cuesta contornear eso que queremos ser y se asemeja más a un "ir-siendo" que a ese ser ya hecho.
A veces ni siquiera un sueño, más una intuición, un latir, es lo que nos va asfaltando el sendero.
Soñar lo que nunca creímos soñar, como acto de rebeldía a las pieles que nos hicimos brotar (o nos hicieron creer). 
Desnudarnos de lo dicho, desbordar la palabra para soñar lo novedoso, lo inesperado. Darle permiso al misterio, a la grieta que filtra la luz para que hasta el último suspiro la vida tenga algo por decir.
Y es que, si la vida nada tiene por decirme, si la vida nada tiene a qué invitarme, eso huele más a putrescina que a aire respirado.

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