HISTORIAS DEL PARANÁ
Andando por la correntada del Paraná y atorado
con un ceibo que yace atascado en el medio del río se divisa un viejo
salvavidas. Desde lo lejos se ve que tajea el normal flujo como indicando dos
caminos por donde navegar. Aquella rama lo sujeta con todas sus fuerzas
pareciendo querer disfrutar de su compañía para evitar, al menos por un rato,
la silenciosa soledad que parece traer el río. Tal vez lleven días atados
juntos contando cada uno las historias que por allí circundaban. “Yo no me
muevo de aquí, estoy viejo y no tengo fuerzas”, contaba el ceibo. “Hace años ya
que me desprendí de la tierra que me alimentaba para cambiar de estado y ser
abrazado por esta agua que me conserva, aunque en ocasiones me veo algo más
gordo. Cada tanto algún bote de un esperanzado pescador sueña que anclando su
navío en mí pueda llevar la cena a la mesa de su familia esta noche. En
ocasiones, hasta se enfadan conmigo porque en mis raíces se estropean sus
espineles.” Mientras el salvavidas, algo cansado, escucha sus historias y
responde al viejo árbol sobre su vida en el río: “me han usado para apoyar sus
cabezas y dormir, para matar insectos y hasta para limpiarse las manos
ensangrentadas luego de destripar un pescado, pero yo no me olvido, viejo
amigo, que mi naturaleza es salvar vidas. Y aunque yo también tengo mis años
encima, llevo toda la vida esperando que me reconozcan para lo que fui hecho.
Siempre me tienen ‘por si acaso’, pero nunca logro desplegar aquello para lo
que me crearon. En ocasiones, intentando convencerme, me digo ‘mejor que sea
así porque significa que ninguna persona ha tenido su vida en peligro’, pero
también sueño con ser el héroe de una historia de domingo de verano.
Oportunamente he hablado con un matafuego y le ocurría lo mismo porque, al
final, perecemos por viejos y no por haber vivido. Mi fin es salvar vidas, para
eso me hicieron, pero es posible, mucho más posible, querido amigo, que mi
naturaleza sea la espera”. Y en ese momento, el salvavidas se desprendió del
ceibo caído y fue llevado por la correntada del Paraná vaya a saber a qué nuevo
sitio a seguir esperando.
Comentarios
Publicar un comentario